Disfunciones de la Sexualidad

Disfunciones de la Sexualidad

El ciclo de la respuesta sexual humana consta de cuatro fases tanto en la mujer como en el varón. En ellos se producen una serie de cambios fisiológicos encaminados a facilitar la penetración y el orgasmo. Las disfunciones sexuales pueden afectar a una o varias de las fases de la respuesta sexual:

  • Fase de Deseo: Esta fase se caracteriza por la aparición de fantasías sobre la actividad sexual y deseos de llevarlos a cabo.
  • Fase de Excitación: Esta fase se relaciona con la actividad sexual propiamente dicha y se producen una serie de cambios fisiológicos dirigidos a permitir la penetración. En la mujer se produce vasocongestión pélvica, lubricación y expansión de la vagina, retracción del clítoris y tumescencia aerolar. En el varón, se produce la erección del pene, aumento del tamaño del glande que se torna ligeramente más oscuro. En ambos aparece contracción muscular generalizada, aumento de la tensión arterial, hiperventilación y taquicardia.
  • Fase Orgásmica: En la mujer se producen contracciones rítmicas y simultaneas de la vagina, útero y esfínter rectal. En el varón, contracciones de los órganos sexuales accesorios (próstata y vesículas seminales) que llevan el líquido seminal hacia la uretra para provocar la eyaculación.
  • Fase de Resolución: En la mujer regresan los cambios anatómicos de vagina y útero y en el varón relación progresiva de la erección del pene. Se produce una relación progresiva de la tensión muscular y un estado de bienestar general.

La mayor parte de las disfunciones sexuales se producen en la fase de excitación y en la orgásmica

En función de la fase en la que se produce la disfunción sexual, podemos destacar las siguientes disfunciones sexuales:

  • Fase de Deseo: Disminución del deseo sexual o deseo sexual inhibido
  • Fase de Excitación: Disfunción eréctil o impotencia
  • Fase Orgásmica: Eyaculación precoz y Anorgasmia o trastorno orgásmico femenino
  • Otras disfunciones sexuales: Vaginismo

Disminución del deseo o deseo sexual inhibido

Se trata de una disfunción sexual que puede aparecer tanto en hombres como en mujeres si bien es más habitual en las mujeres. Consiste en la disminución o ausencia de fantasías o deseos de actividad sexual de forma persistente. Se debe evaluar la posible existencia de factores orgánicos, como trastornos hormonales, fármacos u otros aspectos que pueden estar influyendo en mayor o menor medida en la disfunción sexual.

Dentro de las causas psicológicas podemos destacar los antecedentes de experiencias sexuales traumáticas o estresantes, una educación basada en el miedo o en el rechazo a las relaciones sexuales, las personalidades ansiosas, dependientes o evitativas, etc.

Puede y suele estar asociado a problemas en la excitación sexual o a dificultades para llegar al orgasmo y puede ser secundario a estas alteraciones.

Es imprescindible el tratamiento psicológico que será la clave del tratamiento, el abordaje psicoeducativo en el que se proporcione información sobre el trastorno y sobre la sexualidad en general, eliminando mitos o creencias erróneas. La técnica de la focalización sensorial es muy efectiva en este tipo de trastornos junto a diversas técnicas centradas en la propia conducta sexual que en la mayoría de los casos implicará también a la pareja del/la paciente.

Disfunción eréctil o impotencia

La disfunción eréctil se caracteriza por la incapacidad persistente para obtener una erección apropiada hasta el final de la actividad sexual. Puede ocurrir que no se llegue a alcanzar una erección suficiente y satisfactoria o bien que la erección se pierda demasiado pronto y en todo caso antes de la eyaculación. Para poder diagnosticar una disfunción eréctil debe suceder de forma habitual y constante no solo de forma esporádica o bajo el efecto del alcohol. Se calcula que afecta a un 15% de los varones siendo por tanto un trastorno extraordinariamente frecuente. Esta tasa aumenta de forma progresiva con la edad.

Las causas de la disfunción eréctil pueden ser psicológicas, orgánicas o una interacción de ambas. La ansiedad puede actuar tanto en el origen de la disfunción como en su mantenimiento. Incluso en una disfunción eréctil de origen orgánico la aparición de ansiedad secundaria puede hacer que el componente psicológico sea elevado y que incluso tras el tratamiento de la causa médica que provoca la disfunción, esta continúe mientras la ansiedad persista. La falta de información, las creencias erróneas basadas en mitos, una educación sexual basada en la concepción del sexo como algo sucio o pecaminoso o los problemas de comunicación pueden ser causa de disfunción eréctil, por lo que deben ser evaluados en consulta. Las disfunciones sexuales pueden estar en relación con situaciones de estrés elevado o experiencias traumáticas relacionadas con la sexualidad.

Dentro de las causas orgánicas, podemos destacar aquellas que se relacionan con arteriosclerosis en las arterias que llevan la sangre al pene, como la diabetes, la hipertensión, el tabaquismo, la obesidad o el colesterol elevado. Por tanto el control de estos factores de riesgo es importante para la prevención de disfunción eréctil. Las lesiones medulares son otra causa de disfunción eréctil así como determinadas enfermedades de la próstata y sobre todo las intervenciones quirúrgicas para su tratamiento. Diversos fármacos pueden provocar disfunción eréctil como los antidepresivos o algunos fármacos para la tensión arterial.

Es imprescindible una completa evaluación médica que pueda orientar sobre factores orgánicos que pudieran estar influyendo bien en el origen de la disfunción o en su mantenimiento. Una vez descartadas las diferentes causas orgánicas es importante evaluar la conducta sexual, el tipo de disfunción, en qué situaciones se produce, etc.

Solo después de una completa evaluación se debe programar un tratamiento integral que aborde tanto los aspectos médicos como psicológicos. El tratamiento puede dividirse en farmacológico y psicológico:

  • Tratamiento farmacológico: El sildenafilo (Viagra®) apareció en los años 90 siendo una autentica revolución en el tratamiento de la disfunción eréctil de causa orgánica, psicológica o mixta. Sin embargo, en los años siguientes han ido surgiendo otros fármacos de la misma familia que mejoran el perfil tanto de efectos secundarios como de duración del efecto como el tadalafilo (Cialis®) o el vardenafilo (Levitra®). Puede ser de gran ayuda en el inicio del tratamiento de una disfunción eréctil como complemento del tratamiento psicológico.
  • Tratamiento psicológico: la recomendación actual es el tratamiento individual y de pareja en el que se prevenga la aparición de ansiedad, el miedo al fracaso y la recuperación de la autoestima y confianza del paciente y de su pareja. En muchos casos serán necesarias técnicas específicas de reaprendizaje, más orientadas a la propia actividad sexual.

Eyaculación precoz

La eyaculación precoz consiste en la eyaculación persistente o recurrente en respuesta a una estimulación sexual mínima, antes, durante o poco tiempo después de la penetración y antes de que la persona lo desee.

No existe un claro criterio para establecer lo que es una eyaculación precoz. Para algunos para poder decir que existe la eyaculación precoz el paciente debe eyacular de forma habitual antes de la penetración, para otros puede ser cuando aparece poco después de esta o en cualquier momento antes de que el individuo lo desee.

Se deben tener en cuenta determinados factores como son la novedad de la relación sexual, la experiencia, la frecuencia de las relaciones o el papel que juega la pareja en la respuesta sexual del individuo.

Las causas de la eyaculación precoz se desconocen, pudiendo influir la ansiedad, un hábito masturbatorio inadecuado, una serie de experiencias sexuales iniciales basadas en el miedo u otras situaciones de estrés, etc. En todo caso hay errores de concepto como considerar que la mujer debe alcanzar el orgasmo a la vez que el hombre, o que debe hacerlo a través del coito vaginal, que deben ser aclarados. Clásicamente se ha considerado que los eyaculadores precoces eran personas egoístas a los que no les importaba la satisfacción de la pareja, sin embargo, hay que ser conscientes de que quien la padece no es culpable en absoluto por ello y muestra de ello es que la mayor insatisfacción de la persona que sufre eyaculación precoz es precisamente el no poder satisfacer a su pareja como a él le gustaría.

Es muy importante la evaluación de la respuesta sexual de la pareja pues en ocasiones se asocia con un deseo sexual inhibido en la pareja por lo que se debe realizar un tratamiento conjunto.

El tratamiento de la eyaculación precoz es fundamentalmente psicológico, y al igual que en la disfunción eréctil se debe abordar el control de la ansiedad, la autoestima, la autoconfianza, etc.

Se pueden utilizar técnicas, como la de “parada y arranque” preconizada por Semans en 1956 o la de “compresión” de Master y Johnson en 1970.

Hasta el año 2009 no existía ningún tratamiento farmacológico indicado para la eyaculación precoz, sin embargo, en este año sale al mercado el primer fármaco para la eyaculación precoz, la dapoxetina (Priligy ®). Se trata de un inhibidor de la recaptación de serotonina de la familia de los antidepresivos pero con una duración de la acción reducida para minimizar los efectos secundarios. Se han realizado ensayos clínicos sobre más de 6000 pacientes, obteniendo resultados muy positivos, comparado con placebo, llegando en algunos casos a triplicar la duración del coito. Como efectos secundarios pueden aparecer nauseas en algunos casos si bien por la mayoría de los pacientes es muy bien tolerado. Es importante tener en cuenta que se trata de un tratamiento sintomático que no resuelve definitivamente el problema sino que debe integrarse en un tratamiento integral que aborde el tratamiento psicológico.

Anorgasmia

Se define la anorgasmia o trastorno orgásmico femenino como la ausencia o retraso persistente del orgasmo tras una fase de excitación normal. Puede alterar la autoestima y la satisfacción de las relaciones sexuales no solo de la persona afectada sino también de su pareja. Es importante evaluar si existen situaciones en las que sí se produce el orgasmo, bien con estimulación de la pareja o mediante masturbación.

Es más frecuente en mujeres jóvenes ya que la capacidad orgásmica aumenta con la edad y la experiencia. Entre las causas psicológicas pueden existir factores estresantes, ansiedad elevada, temores hacia el sexo, una educación que rechazaba el sexo, o experiencias traumáticas previas relacionadas con la sexualidad.

Hay que descartar factores orgánicos como determinadas enfermedades, fármacos o drogas, etc.

El tratamiento es fundamentalmente psicoterapéutico orientado a controlar la ansiedad, mejorar la autoestima, desculpabilizar tanto a la paciente como a su pareja. Hay que evaluar y dar pautas de conducta durante la relación sexual de cara a favorecer el orgasmo de la mujer. Frecuentemente la mujer aprende a conseguir el orgasmo cuando amplia la variedad de estimulaciones y adquiere mayor conocimiento de su propio cuerpo.

Vaginismo

En el vaginismo se produce una contracción involuntaria de los músculos del tercio externo de la vagina, frente a la introducción del pene, de los dedos, de los espéculos o los tampones. En algunas mujeres la simple idea de la penetración puede provocar un espasmo muscular. Con frecuencia se mantiene la capacidad de excitación y orgasmo de la mujer siempre que no se piense o intente la penetración. Sin embargo, el propio obstáculo físico que supone la contracción de los músculos puede imposibilitar la penetración y provocar importantes dificultades de pareja. En ocasiones la contracción es de tal intensidad que puede provocar dolor. En algunas mujeres, no aparece la contracción muscular en la exploración ginecológica, limitándose a la actividad sexual.

Es más frecuente en mujeres jóvenes y suele estar asociado a factores psicológicos en su origen.

El tratamiento es fundamentalmente psicoterapéutico utilizando técnicas de tipo conductual como la desensibilización sistemática. En ocasiones son necesarios ansiolíticos para favorecer el tratamiento psicológico.

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